LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL EN ESPAÑA:

 

 SANTIAGO MASARNAU  PRIMER PRESIDENTE

Sor María Teresa Candelas Antequera H.d.l.C.

 

            Es importante, en estos momentos en que la Sociedad de San Vicente de Paúl va a celebrar los 200 años del nacimiento de su fundador, se reflexione sobre la biografía de SANTIAGO MASARNAU FERNÁNDEZ como Primer Presidente de esta Sociedad en España. Y no solamente porque a él se debe la fundación, sino porque su permanencia durante 32 años consecutivos al frente de ella, le permitió ser su NORMA DIRECTRIZ”, “SU ALTO EJEMPLO Y SU ESPÍRITU VIVIFICADOR. La última etapa de su vida puede ser considerada como un MANUAL PRÁCTICO de los socios de las CONFERENCIAS de San Vicente de Paúl.

 

            Hemos perdido  UN ARTISTA, UN SABIO y UN SANTO, así lloraba Doña Concepción Arenal cuando se enteró de la muerte de SANTIAGO MASARNAU FERNÁNDEZ desde una esquela mortuoria publicada en la Revista “La Voz de la Caridad” el día 1 de Enero de 1883. Apenas hacía 15 días que había partido a la Casa del Padre este gran hombre aunque muy pequeño y humilde en su actuar.

 

            Como ARTISTA, fue un músico famoso, pianista y compositor. Nació en Madrid en 1805. Hijo de Santiago Masarnau Torres, natural de Copons (Cataluña) y Dª Beatriz Fernández Carredano, natural de Omoño (Cantabria).

 

            En 1808 su padre fue nombrado Secretario de las Reales Caballerizas de Córdoba al servicio del Conde de Miranda. Este año marcó su infancia de un modo decisivo, ya que, muere su madre cuando él cuenta tan solo tres años de edad. En esta época la familia, Masarnau padre y sus tres hijos, viven en Andalucía.

 

            Por estos años, Santiago comienza a dar muestras precoces de estar muy dotado para la composición e interpretación musical, iniciando su formación, en este campo artístico, con el organista de la catedral de Granada, José Rouré y Llamas.

 

            Cuando en 1814  rey Fernando VII ocupa el trono de España, la familia vuelve a instalarse en Madrid, donde el padre fue nombrado secretario de la Mayordomía Mayor del rey. Mientras tanto él continúa su formación en piano y composición con José Boxeras, José Nonó y Ángel Inzenga. Además estuvo matriculado en el Colegio de Dª María de Aragón, regentado por los Agustinos, de 1818 al 1820 estudiante de Filosofía para luego continuar estudiando Matemáticas, entre 1820 y 1822 en los “Estudios Nacionales de San Isidro”.

 

            Por el trabajo de su padre, su infancia estuvo muy relacionada con el Palacio Real, donde tuvo oportunidad de participar en las actividades musicales de la Corte. Muy pronto destacó como niño prodigio y con sólo diez años ejecutó, ante Fernando VII y su corte, un concierto al órgano en El Escorial, interpretando sus propias composiciones dedicadas a la Reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII. Tres años más tarde estrenó una Misa que fue interpretada por la Capilla Real de Palacio en la Parroquia de San Justo y Pastor el día de San Pedro de Alcántara participando él al órgano.

 

            Los años 1820-23 son también importantes en su vida, ya que siendo joven adolescente fue testigo del llamado “Trienio Constitucional” con la exaltación de los valores liberales que ello supuso en todo el país. La simpatía por la nueva ideología es patente en su juventud y primera madurez, además de suponer para él y su padre, por circunstancias poco claras, la pérdida del favor Real: la supresión del título honorífico de Gentilhombre de la Real Casa que le había sido concedido en el año 1819 con una pensión vitalicia de 300 ducados y la jubilación del padre de sus empleos y cargos. Estas medidas siempre las consideró totalmente injustas y varias veces reclamó estos favores, pero tuvo que esperar a 1843 para ser repuesto en dicho título con motivo de la declaración de la mayoría de edad de la reina Isabel II.

 

            Buscando otro ambiente político-social y deseando completar su formación musical, abandonó definitivamente la idea de hacer la carrera de ingeniero de caminos y marchó a París, pocos meses después de que hubiera muerto su hermana Dolores, para ampliar sus estudios y labrarse un porvenir de éxito. Se abre de esta forma un importante período en la vida del Siervo de Dios: sus residencias en el extranjero: París y Londres fueron los puntos referenciales de esta larga etapa. Todo ello supone que se sumerge e integra plenamente en el ambiente cultural del momento: el ROMANTICISMO, con toda la carga afectivo-intelectual que ello supone. Viaja mucho para la época, conoce y trata con lo más florido de la intelectualidad europea de la época, así como con los exiliados españoles por razones políticas.

 

            Esta residencia se vio interrumpida en varias ocasiones por viajes y estancias prolongadas, más o menos, en España. En la primera de ellas acompaña a su amado padre en el momento de su muerte; en otras será testigo de los excesos de los gobiernos liberales que ocupan el poder después de la muerte de Fernando VII en 1833. Varios años estuvo enrolado en la Milicia Nacional, en el Sexto Batallón, Compañía de Granaderos, al que también pertenecieron importantes músicos como José Melchor Gomis, Pedro Albéniz, etc.

 

            En París tuvo como profesor a Monsigny y en Londres a Cramer, primer pianista de Europa. Fue amigo de Rossini,  Mendelsohn, Paganini, etc. y mantuvo relaciones con los compositores españoles que residían en estas capitales. Hay que destacar a José Melchor Gomis un joven valenciano con el que vivió con gran intimidad. Pronto empezó a componer, a dar lecciones y a figurar en programas de conciertos al lado de las más destacadas celebridades como un virtuoso del piano, sólo comparable al propio Cramer y a Liszt. Gracias a las recomendaciones de Rossini, tuvo discípulas como las hijas del infante D. Francisco de Paula. Su obra como músico tiene dos partes; una que podíamos llamar profana: música española, vals, conciertos, sonatas… y otra parte música religiosa. Esta última más abundante a partir de su conversión en 1838. Desde 1843, que regresa definitivamente a Madrid, sólo compuso música religiosa.

 

            CULTURALMENTE Masarnau fue un hombre muy instruido. Participó plenamente en la cultura romántica de su época. El señor Masarnau quiso hacer de su hijo un matemático, pero sus aficiones y aptitudes orientaron su vida hacia la música; no obstante sabemos que aventajaba en conocimientos a la mayor parte de sus camaradas. El círculo de sus amistades abarcaba, no solamente celebridades del mundo musical, sino otras muchas destacadas en Literatura, Humanidades, Políticas y Sociales. D. Manuel José Quintana, D. Pascual Gayangos, Pedro Madrazo, Donoso Cortés, Olozaga, embajador en Francia, Argüelles, Mendizábal, Patricio Escosura, Mesonero Romanos, D. José María Quadrado, su biógrafo, Vicente de la Fuente. Con Concepción Arenal tuvo una estrecha relación. Influyó bastante en sus libros: El Visitador del Preso y el Visitador del Pobre, el cual corrigió antes de ser enviado a la imprenta.

 

            Fue miembro del Ateneo de Madrid, como nos lo confirma el Acta de Fundación y posteriores Juntas Generales. Allí se relacionó con personalidades que alcanzaron un puesto importante bien en la política, en el mundo de las Artes o en la aristocracia de la Nación, tales como el Duque de Rivas, Alcalá Galiano,  Larra, etc.

 

            Dominaba el francés y el inglés como su propia lengua y leía el alemán y el italiano. Sus estudios de Matemáticas, de Física, de Astronomía, así como un amplio conocimiento de Humanidades, hicieron de él un hombre polifacético en el campo del saber. No en vano participó en las tertulias intelectuales decimonónicas en Londres y en París junto con los hermanos Madrazo, Ochoa, Andrés Borrego; se conservan cartas cruzadas que confirman esta estrecha relación.

 

            La última faceta, la de SANTO, su labor de perfección y santidad que llegó a alcanzar Santiago Masarnau, es lo que se está investigando en la actualidad y lo que ha llevado a comenzar el Proceso de Canonización que se inició el día 5 de Junio de 1999 a fin de que toda la Iglesia reconozca su calidad de vida entregada, admire y tenga como ejemplo a este hombre que desde su actuar en su mundo, en la época que le tocó vivir, supo hacer de su vida UNA ENTREGA al servicio de los más amados de Dios: LOS POBRES.

 

            En este mundo materializado e invadido por el consumismo, necesitamos MODELOS DE REFERENCIA, hombres de carne y hueso como nosotros que nos hagan recordar la trascendencia. Es cierto que muchos sectores de la sociedad actual están valorando EL SERVICIO a los demás, a los más desvalidos. Son la pléyade de voluntarios que, desde diferentes motivaciones, ya sean religiosas, humanitarias o filantrópicas, están entregando, muy generosa y gratuitamente parte de su "haber". Es en este contexto donde hay que recuperar la figura de este hombre que desde el laicado, con un espíritu profundamente cristiano e impulsado por el motor de la Caridad, se fue entregando poco a poco hasta poder decir a la hora de su muerte; HE ENTREGADO TODO.

 

            Cuando un ser humano tiene una fuerte experiencia de Dios como SANTIAGO MASARNAU, a medida que va profundizando en su amistad, se hacen más capaces de ayudar a sus hermanos, creciendo en caridad y produciendo frutos de santidad.

 

            El Siervo de Dios SANTIAGO MASARNAU, por su estatus social, su cultura, el cargo de su padre en el Palacio Real y el suyo propio (Gentilhombre de Palacio de Casa y Boca), por su contacto con la Corte y con la aristocracia de Madrid, París y Londres, pudo haber sido un hombre brillante de la sociedad de su tiempo, pero una vez convertido y convencido de ese amor a Cristo, que experimentada en la Oración, en la Sagrada Comunión y sobre todo en el contacto con los Pobres, supo renunciar a todas las glorias humanas, a su fama como artista musical, para dedicarse a una callada y humilde actividad de “VOLUNTARIO DE LA CARIDAD” que para él era lo más preciado.

 

LA OBRA DE MASARNAU: LA SOCIEDAD DE SAN VICENTE DE PAÚL EN ESPAÑA

 

            El año 1838 Santiago Masarnau se instala en París al regresar de Londres, a los 33 años de edad. Dios le salió a su encuentro y sufre una gran transformación. Su vida experimentó un giro copernicano. Empezó a gustar, más intensamente, de los ejercicios de piedad y la lectura asidua de la Biblia y del Kempis. Hasta entonces su cristianismo había sido más reflexión filosófica que vivencia cristiana. En la Cuaresma de ese año realiza una minuciosa Confesión general que le ocupa 15 días y se queda ganado para la causa divina. El 19 de Mayo hizo una Comunión general en la Iglesia de Nuestra Señora de Loreto, este día fue el punto de arranque de su conversión y ya sin interrupción frecuentará los sacramentos, dedicándose a la oración y a la caridad en su doble dimensión: Dios y el prójimo. Desde entonces, sus grandes amores fueron: la Eucaristía, la Santísima Virgen, la Iglesia, el Papa y sobre todo LOS POBRES.

 

            El día 9 de Junio de 1839 tomó contacto con las Conferencias de San Vicente de Paúl en la Parroquia de San Luis d’Antin, dándose tan ardientemente que a los pocos meses le nombraron tesorero de la misma.

 

            La perfección alcanzada por Masarnau fue adquirida en la práctica de las Conferencias, en ese libro cuyas páginas son los Pobres. Cuando su hermano le reprendía por la generosidad de sus limosnas, él le contestaba: “Si supieras lo que me han dado y me dan los Pobres, no extrañarías lo que les doy yo a ellos”.

 

            Santiago Masarnau regresó definitivamente a Madrid en el año 1843 donde siguió fomentando su afición a la música, sobre todo dando clases en el Colegio “Masarnau” fundado por su hermano Vicente, creando coros de niños en las Casas de beneficencia de Madrid, componiendo y publicando sus obras musicales, así como redactando algunos artículos para “EL ESPAÑOL” y “EL ARTISTA”. Los socios de allende los Pirineos le instaban para que fundara las Conferencias en una nación como la nuestra, tan arraigadamente católica. En principio se resistió por el recelo que despertaba en Madrid una Institución importada del extranjero y que en cierto modo “SECULARIZABA LA CARIDAD”. Este gran obstáculo lo venció Mr. Lefeburier, miembro activo de la capital francesa, al detenerse en Madrid de paso para Sevilla. Don Santiago se decide por fin a fundar la primera Conferencia y como únicamente necesitaba tres socios para lograr su objetivo, buscó a D. Vicente de la Fuente y a Anselmo Ouradou, profesor de francés de su Colegio, y el domingo día 11 de Noviembre de 1849, festividad de San Martín, tuvieron la primera reunión. Hecha la colecta reunieron 85 reales y 3 maravedíes. Adoptaron los primeros pobres; Paca Sanz, viuda con cuatro hijos, Valentina, viuda con cinco hijos y su madre anciana y Ventura Broco, anciana y pobre de solemnidad. Fueron visitadas aquel mismo día por D. Santiago y Ouradou. En la cuarta sesión recibieron como socio a D. Pedro Madrazo y el 8 de Diciembre, celebraron la primera comunión general, con la asistencia de los cuatro primeros socios, en los Capuchinos.

 

            DESARROLLO DE LA SOCIEDAD EN NUESTRA PATRIA

 

            En España creció y se difundió rápidamente la Sociedad de San Vicente de Paúl. En el año 1850, primero de su fundación, empezó a crecer la lista de la Conferencia con el ingreso de otros socios, en su mayoría jóvenes. Masarnau se multiplicaba para instruirles y hacer la visita a los pobres con ellos. Cuando se enviaron a París los estadillos para solicitar la Agregación definitiva, ya tenía la Conferencia 10 socios que visitaban a 22 acogidos. El Consejo General dio la Agregación para España el día 4 de Marzo de 1850. Los socios seguían aumentando y para el 11 de Noviembre de 1850, aniversario de la Fundación, tuvo que dividirse en dos. La primera fue la de S. Sebastián y la segunda la de Santa María de la Almudena.

 

            En el transcurso de este primer año fue favorecida la Sociedad con dos Decretos, uno del Excmo. Sr. Comisario general de Cruzada, el 24 de Junio conteniendo dos Breves de Indulgencias que concedía a la Sociedad el Papa Gregorio XVI y otro de su Eminencia el Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, Bonel y Orbe, del 29 de Octubre, autorizando y recomendando la formación de la Sociedad.

 

            El 11 de Mayo de 1851 se fundó el Consejo particular de Madrid destinado a relacionar las diversas Conferencias que se fundaran en la capital. El mes de Julio, S.M. la Reina concedió su autorización y el 8 de Diciembre se celebró la primera Junta General en una Capilla de la Iglesia de los “italianos” bajo la presidencia del Excmo. Sr. Cassou, capellán de Palacio Real, primer miembro de honor de la Sociedad.

 

            Por el mes de Septiembre de 1851, se instalaba una nueva Conferencia en Burgos, primera de provincias, con motivo de haber pasado por allí D. Santiago al regreso de San Sebastián. Vio en la catedral a un desconocido que rezaba con gran recogimiento, le esperó a la salida y le propuso que fundara en la capital burgalesa una Conferencia. Era el organista de la catedral, D. Agapito Sancho, que después fue el primer Presidente de la misma. Nació bien modesta pues sólo contó en sus principios con cuatro miembros.

 

            El año 1852 se desmembró nuevamente la Conferencia de San Sebastián, aparece una nueva con el nombre de Santa Cruz y la de Santa María de la Almudena dio origen a la de San José. Este mismo año se fundó en Calella (Cataluña), 16 de mayo y las de Jaén, 27 de Octubre, Santander, 8 de Noviembre y Huesca, 24 de Octubre, elevándose el Consejo particular a Consejo superior. Y por último en 1853 se crearon las de Valladolid, 20 de Marzo de 1853, Rueda, 24 de Marzo, Salamanca, el 26 del mismo, Lérida, el 26 de Junio y Palencia el 15 de Septiembre, ya había un total de 14 Conferencias en toda España.

 

            Otras cinco se establecieron en 1854: San Martín, 5ª de Madrid el 1 de Enero, la de Vergara el 8 de Abril, Melgar de Fernamental el 4 de Mayo, Segovia el 2 de Julio y la de Ezcaray el 8 de Octubre.

 

            Este desarrollo fue mucho mayor en 1855 en cuyo año se desarrollaron 21 Conferencias; en 1856 fueron 43 las agregadas y se establecieron 3 Consejos particulares que fueron los de Salamanca, Valladolid y Sevilla. En el año 1857, 32 Conferencias agregadas y 9 Consejos particulares. En el 1858 se llegó a 114 el número de Conferencias agregadas; más de 2 por semana.

 

            Estos fueron los primeros pasos de la Sociedad de San Vicente de Paúl que vio multiplicarse sus fundaciones en progresión geométrica. Al cumplir los siete años de vida ya tenía más de 100 y cuando llegó a dos lustros colocó a España en el primer puesto del mundo después de Francia. Por la rapidez de su crecimiento pudo sobrepasar al país fundador. En el curso de otros diez años Francia albergaba 500 Conferencias cuando la Sociedad llevaba veinte años de labor, mientras que al cumplirse las dos décadas en España, pudo contar con una estadística mágica: 694 Conferencias, 46 Consejos particulares, 9.916 socios, 14.409 familias visitadas y 3.000.000 de reales ingresados en el haber de la tesorería.

 

            Habría que mencionar también la gran cantidad de Obras que dependían de las Conferencias además de la visita domiciliaria como escuelas, visita de hospitales y cárceles, obra de regularización de matrimonios, roperos, cocinas económicas, etc.

 

            Este éxito tan excepcional podía poner en riesgo la sobria humildad característica de la Institución. A ello salió al paso D. Santiago en su Discurso del 8 de Diciembre de 1859:

            “… No a nuestro trabajo, no a nuestras virtudes es debido la gran Obra, sino que a pesar de nuestra tibieza, de nuestras omisiones, de nuestro orgullo, de nuestros pecados, lo ha verificado Dios. Allí no brilla ni campea más gloria que la de Dios, allí no se admite más talento ni dotes que los que Él concede, ni más celo que el que infunde, ni más virtudes que las que inspira. Abandonados a nosotros mismos no somos sino miseria, error pecado, nada…”

 

            Santa y cristiana manera de empequeñecerse, de esconderse, de pisotear todo movimiento de vanidad en el instante mismo en que escalaba la cumbre de la victoria.

 

            Esta Obra se vio probada con el signo de la persecución. En 1868 apareció en la Gaceta de Madrid un Decreto disolviendo la Sociedad y ordenándose la incautación de sus bienes. La actuación de D. Santiago ante tan desagradable suceso fue de gran serenidad espiritual, sin quejas, críticas, ni palabras disonantes, sino aceptándolo con humildad, como una prueba de Dios. Llegó el Comisario a la COLMENA, nombre con que D. Santiago bautizó la Sede del Consejo por su laboriosidad y dulzura, notas que quería se destacaran en ese lugar, y le dijo a Masarnau: “No comprendo que una persona de las prendas de Vd. pueda emplear tantos días visitando a gentes tan zafias y repugnantes como esa pobretería”. Y D. Santiago le contestó con serenidad y calma. “Cuestión de gustos señor, yo no comprendo la diversión de un pescador de caña que se pasa las horas muertas aguardando a que acudan al cebo los pececillos.”

 

            Disuelta la Sociedad, Masarnau siguió visitando a los Pobres dos horas por la mañana y dos por la tarde, acompañado de un socio distinto cada vez y haciendo con doce socios, la labor de trece parejas. Tenían en su casa un cepillo, donde él y el socio que iba a buscarle depositaban la limosna. El cepillo se abría todas las semanas. Antes de empezar la visita y una vez terminada, entraban a rezar en una Iglesia y por el camino hablaban sobre los pobres. Se puede decir que hacían una reunión completa.

 

            Pasados seis años. Se levantó la suspensión de la Sociedad y volvió a despertarse, organizarse y crecer; bastantes se perdieron, otras se renovaron y otras nuevas volvieron a surgir.

 

            La biografía de Santiago Masarnau es muy distinta de la de Federico Ozanam. Por una parte es menos conocido y por otra sus vidas tuvieron una trayectoria muy diferente, pero ambos confluyeron en algo muy esencial: Consagraron los esfuerzos al servicio de los Pobres.

 

            La Sociedad de San Vicente de Paúl en España se ha marcado UN RETO para profundizar y dar a conocer al hombre que trajo a España esta caritativa ASOCIACIÓN.

 

            El ejemplo de Masarnau, hay que retomarlo como norma y directriz del actuar de los vicentinos españoles. Hay que desentrañar las enseñanzas que hay encerradas en su vida, en sus discursos, en sus cartas, en el entusiasmo por difundir su Obra, en las sentencias que él nos dejó. Estamos en un momento muy especial. La Sociedad ha cumplido 150 años de existencia y hay que renovar propósitos, retoñar energías y sobre todo un culto ardoroso de reconocida gratitud hacia aquel que supo dar todo por los pobres y por la Sociedad. Cuando en 1866 la Reina Isabel II le restituye en su cargo de Gentil Hombre con 1.000 escudos de sueldo, que le hubieran podido asegurar una vida cómoda y agradable, renuncia con un precioso escrito alegando que el servicio a los pobres y la Sociedad no les es compatible. Sus obras hablan todavía; él es el reglamento vivo y el Manual del Socio. Él que vivió en un período de grandes inquietudes y luchas, tuvo una larga vida,  muriendo a los 77 años, el 14 de Diciembre de 1882. Él llegó a todos los sacrificios: desde despojarse de su abrigo en lo más crudo del invierno para dárselo a un pobre, hasta cargar sobre sus hombros un cadáver que los sepultureros no querían bajar por las escaleras de la casa.

 

            En esta gran figura que, al lado de la de Federico Ozanam, es otra antorcha de esta SOCIEDAD de San Vicente de Paúl, podemos encontrar su sabia dirección de la palabra y el inapreciable estímulo del ejemplo de su vida.

 

            A lo largo de los tiempos, numerosos testimonios y publicaciones sobre su Obra y su figura han ido apareciendo. En vida, Pedro Madrazo, escribió sobre su faceta de crítica musical y la delicadeza de tratar el Tema. Asimismo, Juan Donoso Cortés, Concepción Arenal, Vicente de la Fuente, José Mª Esperanza y Sola, José Mª Quadrado, su primer biógrafo y otros muchos, nos han hablado sobre su fama de santidad.

 

            Cuando murió Santiago Masarnau dijo Concepción Arenal: “La muerte ha helado aquellas manos, siempre abiertas para los pobres, la pérdida irreparable de D. Santiago sería un duelo nacional, si hubiera nación…”

 

            Tal vez olvidó la ilustre pensadora, al escribir estas palabras, que los grandes hombres como el Fundador de la Sociedad en España, no mueren nunca. Aquellas santas manos no podrán helarse mientras la Sociedad exista, porque será ella, las manos de todos los consocios, las que repartan los socorros a los pobres y porque él desde el cielo seguirá bendiciendo la Obra que un día, inspirado por Dios, hizo germinar en nuestro suelo.

 

EXHUMACION DE SUS RESTOS

 

            Santiago Masarnau fue enterrado en una tumba muy sencilla en el cementerio de la Sacramental de San Justo en Madrid, en el patio de San Millán (tumba nº 34).

 

            El epitafio es una muestra más del talante humano y cristiano del fundador en España de las Conferencias, eclipsando su actividad como músico de notable categoría; dice así:

"D. Santiago de Masarnau. Fundador y Primer Presidente de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España. Falleció en esta Corte el 14 de Diciembre de 1.882, a los 77 años de edad. Dichoso el que cuida del débil y del pobre. Salmo 40.2".

 

            El 13 de Mayo de 1996, fueron exhumados sus restos y trasladados a un sepulcro construido a la entrada del Templo Nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, calle Verónica, 11, en Madrid.

 

            En el momento de su exhumación se recogieron con sumo respeto y veneración, además de sus restos óseos conservados, la parte de sus vestidos que sirvieron de mortaja y el crucifijo que tenía colocado entre sus manos. Este lugar es visitado por numerosos fieles, los cuales alcanzan de Dios favores por su intercesión.

 

            El 11 de Noviembre de este año 1999, se cumplieron 150 años de la fundación de las Conferencias de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España. Aprovechando este gran acontecimiento, los vicentinos quieren conmemorarlo introduciendo "El Proceso de Canonización" del que en su día puso "La Primera Piedra": SANTIAGO MASARNAU FERNANDEZ.